viernes 21 de noviembre de 2008

Do you want to go to the seaside?

Como hace mucho que no os pongo una canción, aquí va una que me encanta de The Kooks, un grupo que, aunque os parezca mentira, conocí hace poco. ¡Gracias Winnie!

miércoles 19 de noviembre de 2008

Olor a castaña asada...

Todos los martes me toca ir a clase de idiomas cerca de la Puerta del Sol. Normalmente, voy con el tiempo justo, cojo el metro corriendo y voy directo a la academia (de hecho, suelo llegar siempre unos minutillos tarde, por mucho empeño que ponga), pero ayer fue distinto. Decidí tomármelo con más calma. Salí media hora antes, me bajé una parada antes (en Callao), y aproveché para pasarme por la Fnac (como sabéis, uno de mis lugares favoritos...). Generalmente cuando voy a la Fnac no lo hago con la intención de comprarme ningún libro en particular. Simplemente voy para curiosear, pasearme por las distintas plantas atiborradas de libros, detenerme en la sección de literatura, sociología, política o derecho, coger cualquier libro que me llame la atención y ojearlo. Aún así, al final casi siempre termino llevándome algún libro. Esta vez fue "Cuentos" del escritor y poeta estadounidense William Carlos Williams, que os reservo para otro post. El caso es que ya saliendo de la tienda para ir a la academia, de repente empecé a oler a castaña asada, ese olor tan apetecible e irresistible, tan característico de las tardes invernales. Un olor que, personalmente, me transporta siempre a los largos paseos por Madrid, a las tardes infinitas, y a las miradas eternas y frases silenciosas... No pude pararme porque iba con el tiempo justo, pero cuando terminó la clase salí disparado hacia el puesto para comprarme el ansiado cartucho de castañas. Ya mientras caminaba de vuelta al metro y disfrutaba de mi primera castaña asada del año, oí a lo lejos a la castañera gritar "castañas asadas, ¡calentitas, calentitas!" No pude resistir sonreír. Las castañas calentitas en las que llevaba pensando cuatro horas por fin eran mías...

lunes 17 de noviembre de 2008

214 x 1 = 317


La fotografía se asienta en la fe de lo que es visible. Por tanto, el suspiro no puede verse pero fotografiar me obliga a encontrarlo. A multiplicar lo que miro.

Jugar con el exceso de ver y de verme…
Delimito el espacio. Decido el cómo y el dónde mirar.
Mirar por la cámara protegiéndome y encerrándome por fin en mí mismo.
Tras la cámara me convierto en un cíclope. Un único ojo anhelante.
La toma fotográfica me lleva al trance…
¡Ah! ¡Cazar el momento! Apropiarme de ese algo más que busco…¡Poseer…!¡Poseer…!
Sí, poseer con malicia. Intencionadamente.
Me muevo en la noche intentando iluminar mi sombra.
Si ayer fotografiaba silencios, hoy fotografío mi propia voz.
Este viaje tejido sobre una memoria de luces, destellos, ilusiones ópticas, persigue una revelación. Un puente. Un puente sobre el abismo. Un renacer constante. El aliento.
Una vez más una convulsión me agita…
La tensión de un anhelo eternamente insatisfecho conduce mis ojos.
Los detiene…
Sombras rotas… Letras chinas…
Fundido en ellas redimo los reproches del destino…Me consuelo…
Un ajuste de cuentas: 214 x 1 = 317.
Camino bajo farolillos rojos...
Nietzsche dijo que no hay mundo sin espejo.Un espejo para desnudar el alma.
La escenografía visible de un sentimiento al compás de mis emociones.
Hoy tengo la conciencia de que una forma de ver es una forma de ser.
Soy fotógrafo.
La fotografía es el espacio donde imaginarme.
En la fotografía, destino y presente sueñan en el latir de un fragmento de tiempo,un permanente pasado.
Un permanente pasado…
No hay retorno posible.
Con las fotografías un mar de recuerdos se despierta.Se agita. Se encrespa…
Fotos y más fotos que dejan tras de sí un eco. El eco de mis pasos.
La fotografía es un certificado de presencia... De ausencia.
La fotografía es iconografía de muerte. Está en su naturaleza.En ella ya no somos como somos. Somos como éramos…
Ciertamente en la fotografía hay un elemento fatalista.
En cien años todos calvos. Quiero decir que una colección de retratadoses una colección de futuros cadáveres.
La fotografía es un poderoso médium.
Nos lleva al otro lado de la vida. Y allí, atrapados en su mundo de luces y sombras, siendo sólo presencia, también vivimos. Inmutables. Sin penas. Redimidos nuestros pecados. Por fin domesticados… Congelados.
Al otro lado de la vida... De donde no se vuelve.

viernes 7 de noviembre de 2008

Déjame sueltas las manos...

Llevo un par de semanas asistiendo a un taller sobre masaje cotidiano. Me llamaréis friki, chalado o lo que sea, pero la verdad es que es una pasada de curso. Siempre había querido saber cómo dar bien los masajes (ya sabéis, dar para recibir, jeje), pero nunca había tenido la ocasión de aprender cómo hacerlo. Hasta ahora simplemente "manoseaba" pero sin saber realmente si tendría algún efecto positivo sobre la persona "masajeada". Y sinceramente, estoy aprendiendo muchísimo. No sólo de cómo funciona nuestro cuerpo y nuestro complejo sistema muscular y nervioso, sino también de lo que mi profesora llama el "arte del masaje". Y es que el masaje no solamente es una forma de aliviar tensiones y relajarse. También es una forma de conocerse a uno mismo y, más importante aún, de expresarse. Con las manos transmitimos energía y calma, fuerza, dinamismo y tranquilidad. Pero lo fundamental es, según la profesora, darle libertad a nuestras manos, dejarlas sueltas y que expresen nuestros sentimientos.
El caso es que esa frase, repetida incesantemente por la profesora en cada clase, me recuerda inevitablemente al espectacular poema del maestro Neruda:




Déjame sueltas las manos

y el corazón, déjame libre!

Deja que mis dedos corran

por los caminos de tu cuerpo.

La pasión —sangre, fuego, besos—

me incendia a llamaradas trémulas.

Ay, tú no sabes lo que es esto!


Es la tempestad de mis sentidos

doblegando la selva sensible de mis nervios.

Es la carne que grita con sus ardientes lenguas!

Es el incendio!

Y estás aquí, mujer, como un madero intacto

ahora que vuela toda mi vida hecha cenizas

hacia tu cuerpo lleno, como la noche, de astros!



Déjame libre las manos

y el corazón, déjame libre!

Yo sólo te deseo, yo sólo te deseo!

No es amor, es deseo que se agosta y se extingue,

es precipitación de furias,

acercamiento de lo imposible,

pero estás tú,

estás para dármelo todo,

y a darme lo que tienes a la tierra viniste—

como yo para contenerte,

y desearte,

y recibirte!