miércoles 19 de noviembre de 2008

Olor a castaña asada...

Todos los martes me toca ir a clase de idiomas cerca de la Puerta del Sol. Normalmente, voy con el tiempo justo, cojo el metro corriendo y voy directo a la academia (de hecho, suelo llegar siempre unos minutillos tarde, por mucho empeño que ponga), pero ayer fue distinto. Decidí tomármelo con más calma. Salí media hora antes, me bajé una parada antes (en Callao), y aproveché para pasarme por la Fnac (como sabéis, uno de mis lugares favoritos...). Generalmente cuando voy a la Fnac no lo hago con la intención de comprarme ningún libro en particular. Simplemente voy para curiosear, pasearme por las distintas plantas atiborradas de libros, detenerme en la sección de literatura, sociología, política o derecho, coger cualquier libro que me llame la atención y ojearlo. Aún así, al final casi siempre termino llevándome algún libro. Esta vez fue "Cuentos" del escritor y poeta estadounidense William Carlos Williams, que os reservo para otro post. El caso es que ya saliendo de la tienda para ir a la academia, de repente empecé a oler a castaña asada, ese olor tan apetecible e irresistible, tan característico de las tardes invernales. Un olor que, personalmente, me transporta siempre a los largos paseos por Madrid, a las tardes infinitas, y a las miradas eternas y frases silenciosas... No pude pararme porque iba con el tiempo justo, pero cuando terminó la clase salí disparado hacia el puesto para comprarme el ansiado cartucho de castañas. Ya mientras caminaba de vuelta al metro y disfrutaba de mi primera castaña asada del año, oí a lo lejos a la castañera gritar "castañas asadas, ¡calentitas, calentitas!" No pude resistir sonreír. Las castañas calentitas en las que llevaba pensando cuatro horas por fin eran mías...

4 comentarios:

AAN dijo...

Sí, ya están las castañeras en el centro. A lo mejor nos hemos cruzado alguna vez y ni nos hemos dado cuenta...

Anónimo dijo...

mmmm... castañas... P.

Laura dijo...

Me encanta ese olor.
Besos.

sonia7386 dijo...

Como me suenan todos esos sitios de madrid y que facilmente los situo ahora, cosa que si hubiera sido hace meses no hubiera tenido ni idea jejejeje

En cuanto a las castañas... reconozco que no me gusta comerlas, pero el olorcito, el calor que dan al llevarlas en la mano, y los paseos de los que van acompañadas me encantan!!! un besote